lunes, 22 de mayo de 2006

La Región que queremos

Artículo recuperado del anterior blog de JS Abanilla

¿Qué Región queremos construir? ¿Qué tipo de Región queremos para nuestro futuro? ¿Queremos una Región que apueste por la agricultura?, ¿por la industrialización?, ¿por el I+D+I?, ¿por el turismo?, ¿por la construcción?. Eso es lo primero que debemos debatir los ciudadanos, eso es lo que tenemos que tener claro, y debemos saber a qué nos lleva cada modelo de crecimiento como región. Podríamos apostar en exclusiva por la agricultura, y dedicarnos a investigar en productos hortofrutículas, o dejarnos de estudios, ponernos la boina y dedicarnos a plantar y esperar que crezcan los frutos. Podríamos apostar también por llenar de polígonos industriales nuestros pueblos, y fabricar aquí un montón de productos que luego se vendan aquí y en otras provincias y países. Podríamos apostar por la investigación, por el desarrollo tecnológico de las nuevas tecnologías y aplicar los conocimientos a nuestra cultura y nuestra industria en vez de seguir produciendo sin más como hasta ahora y poco más. Podríamos apostar por el turismo, que lo hay, y entonces dejarnos también de estudiar y sólo hacer cursos de cocina, hostelería y geriatría, para atender a los visitantes que vienen de otros lugares. Y también podríamos apostar por la construcción de urbanizaciones para que vengan miles y miles de extranjeros a llenar nuestros pueblos de euros y compartir nuestra cultura y nuestra historia con ellos.

Sí, debemos de tener claro qué modelo de desarrollo es el que conviene a nuestra Región. Pero debemos saberlo los ciudadanos. Sin embargo por lo que vemos el Gobierno de Valcárcel ya lo tiene claro hace mucho tiempo. Él apostó por la construcción desmesurada de urbanizaciones en todos los rincones de la región donde fuera posible. Para ello se apoyó en la Ley del Suelo que reformó el PP en 1998, y que luego le sirvió para reformar la de aquí de Murcia. Así, en vez de sólo poder construirse en donde estuviese permitido, ahora se podía construir en cualquier parte que no estuviese protegida. Y si eso no era poco, aún se intentaron desproteger zonas protegidas como La Zerrichera, Calblanque, El Valle de Ricote, La Morra en Villanueva, por no mencionar las barbaridades urbanísticas de Puerto Mayor en la Manga, o la Cueva Negra en Fortuna. Y así empezaron a llenarse los ayuntamientos de proyectos de Convenios Urbanísticos para recalificar miles y miles de kilómetros cuadrados que antes valían dos duros en zonas válidas para construir grandes urbanizaciones.

Los proyectos como Mosa Trajectum, o los de Polaris World, como Hacienda Riquelme, con personajes tan conocidos como Johan Cruyff y Camacho avalaban una gran solvencia a los proyectos. El caso de Polaris en Alhama es sin duda de los más conocidos. Los promotores diseñaron unos proyectos para meter en un pueblo que ahora mismo tiene 18.000 habitantes, cerca de 60.000 más. Cuando hace unos años se presentó ese proyecto en el Pleno, el PSOE de Alhama votó en contra, y después que la concejala del PP dijese que no apoyaba ese proyecto, se volvió a presentar exactamente el mismo (la segunda parte) en el que se pretendían meter 12.000 personas. Se les dijo a los promotores de dejarlo en 2.500 y luego ya veríamos, y dijeron que no, que todo. Y sin cambiar ni una coma, por lógica, el PSOE volvió a votar que no. La diferencia esta vez es que la ex concejala del PP, Teresa Rodríguez votó en contra también, y el empresario amenazó al PSOE con denunciarles, según él, por hacerles perder dinero, cuando resulta que comparado con lo que se gastó, el valor de los terrenos tras ser recalificados vale muchísimo más que lo invertido. Luego la empresa salió diciendo que se iban a perder 3.500 empleos, y luego abandonaron el proyecto en dicha localidad.

Pero tras estos casos más conocidos, hay otros muchos de particulares en cada localidad, y esos no son tan mediáticamente importantes, pero quizás son igual de problemáticos. En estos convenios no es muy difícil imaginar la cantidad de residencias y de personas que se pretenden ubicar en cada uno, pues sólo es necesario hacer unas cuantas reglas de tres. Así, por ejemplo en Abanilla sin ir más lejos con los 23 convenios urbanísticos firmados, no es muy difícil hacer la cuenta de que se pretenden meter entre 60.000 y 70.000 nuevos habitantes. Ahora bien, las preguntas alrededor de lo cual gira todo este tema de las urbanizaciones es la siguiente: ¿a quién benefician? ¿traen beneficios a los pueblos? ¿En qué cambian la vida de los pueblos?.

Si por un momento imaginamos que por ejemplo en Abanilla mismo, a unos cinco kilómetros ya está construida toda una nueva urbanización, con cien casas, y unas 200 o 300 nuevas personas. Para hacerlas efectivamente se ha creado empleo de albañilería, de fontanería, electricistas, etc.. Pero esos trabajos duran hasta que se terminen, ¿y luego? siguen obrando en otras nuevas urbanizaciones ¿no? pero ¿hasta cuando?. Pensemos ahora que esos nuevos habitantes (mayoritariamente personas de la tercera edad que ya han hecho su vida laboral en sus países y han cotizado allí), que se apuntan en el censo municipal, quieren comprar productos: comida, bebida, etc.. Durante un año o dos muy posiblemente vayan a las tiendas del pueblo porque quedan cerca. Pero quizás para el tercer año la urbanización haya crecido y se hayan construido unos grandes almacenes para atender sus necesidades. ¿Volverán a coger el coche para comprar en el pueblo?. Imaginemos que además con el tiempo se crean sus propias tiendas, sus propios bares y restaurantes con sus idiomas, tenemos los ejemplos de localidades donde este modelo de construcción masiva ya ha sido explotado hasta la saciedad: Benidorm, Torrevieja, Ibiza, etc.. Y ahí el ejemplo que vemos es el de la creación de guettos de estos ciudadanos, que se encierran y no quieren saber nada del resto. Hace unos meses en una urbanización se decía que se querían amurallar para que no les molestasen desde el exterior. ¿Eso queremos?. Dichas personas, mayoritariamente jubilados, supuestamente de mayor capacidad económica que los autóctonos del lugar, querrán servicios, querrán residencias de ancianos, algo que ahora mismo en nuestra Región ya tiene colas de espera, se crearían más, si, se crearía trabajo sí, ¿pero quien trabajaría allí?. No es muy decente hablar desde el socialismo de la calidad en el empleo, pues como dijo Marx, "el trabajo dignifica al hombre", ahora bien, no nos vamos a engañar, hay trabajos de una clase y otros de otra, así pues... ¿el futuro de los jóvenes murcianos es estar atendiendo las necesidades físicas de los extranjeros que nos vengan a visitar?. Eso es en lo que tenemos que pensar.

Los estudios de distintos organismos públicos como lo pueden ser el CES nos dicen que estos modelos de urbanización masiva no son lo que quieren los ciudadanos que nos visitan. Al contrario, quieren los espacios abiertos, los espacios naturales. Así pues, ¿a dónde va esta Región construyendo de esta manera y cargándonos nuestro entorno natural?. Una vez que nos hayamos cargados los espacios, los entornos, los montes, quedarán los ladrillos, y cuando nos demos cuenta de lo perjudicial de urbanizarlo todo... ¿Acaso iremos como en Almería han hecho con el hotel que estaba junto a la línea de mar, con las máquinas a tirar las casas?.

Y sin embargo cuando alguien (ya sea político o ecologista o simple ciudadano concienciado) alza la voz en contra de la política del PP (y cierto es, algunos ayuntamientos del PSOE como el de Lorca), entonces desde el PP se demoniza a dicha persona diciendo que es antimurciana y que no quiere el desarrollo de nuestra Región. Posiblemente dicha persona, defendiendo lo natural, el desarrollo sostenible, quiera mucho más a nuestra Región que quienes la venden a cachitos al mejor postor, y se ponen la bandera encima y se creen sus únicos defensores.

Así pues habría que repensar todo este tema de urbanizar por urbanizar y llenar de ladrillos nuestra Región, y sin embargo, invertir de verdad en I+D+I, porque ese es el futuro, porque un ladrillo, como un trasvase, un tubo, no evoluciona, no avanza, y se queda en eso, en pan para hoy, y hambre para mañana. Porque si nos dedicamos a competir con los países en crecimiento como lo pudiera ser la China, y hacemos camisetas a un euro y tenemos los sueldos más bajos de toda España, y sin embargo la vienda por las nubes, pues por una parte los chinos aún lo harán más barato, y nosotros tendremos, como ya tenemos, una sociedad totalmente fracturada. Por eso tenemos que apostar por el I+D+I, por la diferenciación cualitativa de nuestros productos, es decir, los "bienes de consumo irrepetibles": el arte, el diseño, el entorno; y vender a un público que quiere calidad, y tener unos sueldos dignos, y estabilidad en el trabajo. Pues los "bienes de consumo repetibles" se pueden hacer en cualquier parte, pero no a cualquier precio, ni de cualquier manera.

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